80 años de Julio Raffo
  • 13 de marzo de 2024




80 años de Julio Raffo

Julio Raffo, el máximo referente de la filosofía del derecho de cuño egológico en Argentina, ha cumplido ocho décadas. Nacido el 13 de marzo de 1944, se graduó en 1971 en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, ocasión en la que recibió de manos de su maestro Carlos Cossio no solo su diploma de abogado, sino también, me atrevo a decir, su legado. A partir de 1964 y por intermedio de su profesor de Introducción al Derecho, Julio Cueto Rua, había conocido a Cossio, tal vez el filósofo argentino del derecho más destacado del siglo XX.

Desde entonces y hasta la muerte de Cossio ocurrida en 1987, Raffo fue su discípulo dilecto. De hecho, la última publicación de Cossio fue una carta de lectores firmada junto a Julio Raffo y Juan Francisco Linares, entre otros, ante el levantamiento militar que en la semana santa de ese mismo año, puso en jaque la joven democracia argentina durante el gobierno de Raúl Alfonsín: “La manifestación multitudinaria del pueblo en la calle pudo parar una rebelión, planteo o amotinamiento. Todos nos regocijamos aunque no lo celebramos. Pues tenemos que velar nuestra única arma para la eventualidad no deseada de otra confrontación” (Clarín, 09/05/1987).

Raffo se inició en la docencia en 1968 y se desempeñó en el ámbito de la Filosofía del Derecho, llegando a ocupar el cargo de profesor adjunto de Introducción al Derecho en las cátedras de José Vilanova y Enrique Petracchi, en las Universidades de Buenos Aires, Morón y Notarial Argentina. Actualmente, continúa desempeñándose como profesor en la Maestría de Filosofía del Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

Tras la dictadura de Onganía, Levingston y Lanusse, cuando Cossio fue restituido por aplicación de la ley de amnistía de 1973 en su cátedra de la Facultad de Derecho, en una gestión en la que Raffo tuvo mucho que ver, las circunstancias de aquellos agitados años no le permitieron acompañar a su amigo y maestro en aquella redención académica en la UBA. Raffo ocupaba el cargo de Rector de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, designado por el presidente Juan D. Perón; y desde allí resistió las embestidas de los tiranos que asolaron a la Universidad argentina, oponiéndose a la denominada “Misión Ivanissevich”, implementada por el infame Ministro de Educación que le diera nombre y la primera presidenta argentina María Estela Martínez.

Con la dictadura genocida de Videla, Massera, Agosti y compañía, se vio forzado a un largo exilio cuyo doloroso periplo, con prólogo de Paulo Freire, supo convertir con su prosa existencialista en un bello libro de reciente reedición (“Meditación del exilio”, 1984 y 2023). En su paso por Brasil y con el aval, nada menos que del propio Cossio y de Antonio Luis Machado Neto, entre 1977 y 1983 se desempeñó como profesor en la Facultad de Derecho Cándido Mendes y en la Universidad Católica de Río de Janeiro. Allí publicó su obra “Introduçao ao conhecimiento jurídico” (1982).

Estrecho amigo de José Vilanova, publicó con él su “Curso de Filosofía del Derecho” como colaborador (1971); e integró, a partir de la década de 1980, la tríada de coautores del célebre manual de “Introducción al Derecho”, junto al propio Vilanova y Enrique Aftalión. Un clásico de la materia con el que yo me inicié en el estudio del derecho, al igual que muchos y que sigue siendo de consulta, a través de sus sucesivas ediciones desde la primera y lejana de 1928 (Aftalión y García Olano), para generaciones y generaciones de estudiantes y estudiosos del derecho, en Argentina y América Latina.

A la vuelta del exilio y desde antes también, contribuyó a la consolidación del músculo democrático en el entramado social de los organismos de derechos humanos en nuestro país: denunciando los crímenes de la dictadura, primero; y oponiéndose al pacto de impunidad de la “auto amnistía” luego, hasta su regreso definitivo para sumarse al Servicio Paz y Justicia (SERPAJ), junto al Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Ezquivel y al Centro de Estudio Legales y Sociales (CELS), con Augusto Conte Mac Donell, a quien acompañó también en la Cámara de Diputados como asesor. Entre 1985 y 1987, integró varias misiones de organismos internacionales por asuntos de derechos humanos en Paraguay, Brasil y Chile. Consecuente con esa militancia, se opuso desde la primera hora a las leyes de impunidad conocidas como “punto final” y “obediencia debida”.

Luego, ladero de Fernando “Pino” Solanas en la denuncia contra el vaciamiento del Estado y la corrupción de la década menemista, estuvo a su lado cuando Solanas fue víctima de un cobarde atentado en el que las balas recibidas no pudieron callarlo. Siempre coherente, Raffo se opuso también a los indultos del presidente Carlos Menem que beneficiaron a los genocidas y continuó esa prédica en este último cuarto de siglo, con independencia del gobierno de turno, denunciando la corrupción desde su posición ética inclaudicable, por ejemplo, cuando se desempeñó como legislador porteño (2009-2013) y cuando lo hizo como diputado nacional (2016-2017).

Su actuación como abogado ha sido y sigue siendo, una profesión de fe por la cultura y la defensa de los derechos humanos: bautizado por todo el amplio espectro cultural del mundo del cine argentino, como “el abogado del cine”, el nombre de Julio Raffo se lee en los créditos de toda buena película argentina. En ese ámbito es reconocido como principal promotor y redactor de la ley de cine, campo en el cual ha sido muy prolífico: “La película cinematográfica y el video. Régimen legal” (1998), “Derecho autoral: Hacia un nuevo paradigma” (2011), “La producción audiovisual y su respaldo jurídico” (2017), “Ley de fomento y regulación de la actividad cinematográfica. Comentada”, (2019) “Historia de la protección y el fomento del cine argentino” (2023), son algunas de sus obras más significativas. Incursionó como director de cine, con su película documental sobre la vida de los presos políticos durante la última dictadura militar en la ex Cárcel de Caseros (“Caseros, en la cárcel”, 2006). También fue director del Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (ISER) y desde 1990, de manera ininterrumpida, se desempeña como profesor de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba.

Raffo es miembro activo de la Asociación Argentina de Filosofía del Derecho (AAFD), cuya Comisión Directiva integró como vocal entre 2018 y 2022. Desde 2019, junto a Carlos Pettoruti, codirige la “Cátedra Libre Carlos Cossio” de la Universidad Nacional de La Plata, espacio de extensión universitaria dedicado a la divulgación de la vida y obra de Cossio, en el que tengo el honor de acompañarlo como secretario. En octubre de 2019, recibió de parte de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, un merecido reconocimiento a su trayectoria en el campo de la Filosofía del Derecho en el marco de un importante seminario internacional impulsado por el profesor cubano Alejandro González Monzón con motivo de los 70 años de la visita de Hans Kelsen a Argentina y su debate con Carlos Cossio, ocasión en la que Raffo pronunció la conferencia de apertura titulada “El núcleo filosófico del debate Kelsen-Cossio”.

Su más reciente obra es “Viaje por dentro del Quijote” (2023), un libro que como él mismo ha dicho, lo acompaña desde su infancia hasta hoy en un proceso constante de lectura, reflexión y escritura. Algo del orden de lo “donquijotesco” hay, sin dudas, en la vida de Raffo, si se admite que esa expresión ha adquirido un impreciso alcance, según nos informan los guardianes de la lengua en su diccionario Real, pero que todos reconocemos fácilmente en la convivencia social, como sinónimo de: heroico, idealista, altruista, desinteresado, caballeroso, abnegado. De un humor implacable e incansable, nos ha regalado también páginas de poesía: “Versos, recuerdos, reflexiones” (2013), con prólogo de Miguel Bonasso.

En sus ochenta años, quienes contamos con el privilegio de su trato, amistad y magisterio desde hace algunos años, nos sentimos obligados a brindarle, cuanto menos, este modesto homenaje puesto en palabras, con la serena conciencia fenomenológica y existencial de que los años no se tienen, sino que transcurren irremediablemente. En cualquier caso se los gana para algo o se los pierde como nada. Y Raffo puede tener la certeza de que ocho décadas de trajinar contra algunos de los más feroces gigantes que pisan fuerte nuestra humanidad, aunque muchos quieran presentarlos, engañosamente, como simples molinos de viento, no han sido en vano.


Diego Luna, miembro de la AAFD


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